lunes, 26 de septiembre de 2016

Tanya Kohn

“El cuadro está vivo, es un reflejo directo de lo que soy”

Camino hacia la luz / Acrílico sobre tela / 132.5 x 132.5 cm / 2016

TANYA KOHN 
Por Avelina Lésper

La cotidianeidad ofrece la belleza y el color necesarios para su obra, le basta ver y sentir cada detalle. 

EL PRESENTE
Aprendí a concientizar lo que veo. Cuando comencé a dar clases vi que mucha gente dice estar aburrida porque no se da cuenta de la riqueza, de la maravilla que hay en el aquí y ahora. En las sombras, en la relación de formas, en las líneas paralelas, en el dinamismo, en la realidad. En el momento en que estás consciente de eso el mundo se vuelve asombroso.

LA REALIDAD
Di un curso a siete arquitectos tratando de enseñarles a ver la realidad. El curso era de siete a nueve y los señores se inspiraban y se quedaban hasta once o doce de la noche pintando. En la mañana siguiente de la clase uno de ellos me llama y me dice: “Tanya, te quiero agradecer. Vivo en Coyoacán desde hace veintitantos años y esta mañana salí y enfrente de la casa hay un muro cuarteado, todo descascarado que tiene enfrente un árbol. Salí y vi la belleza de cómo brillan las hojas y cómo la sombra se ve tan hermosa sobre el muro que quiero pintarlo. Quiero agradecerte porque yo había salido de esta casa todos los días, pero nunca me había fijado en la belleza que tengo enfrente. La apreciación de la realidad nos pone los pies en la tierra, nos hace sentir que las noticias y los millones de dólares de aquí y allá no son tan importantes como el aquí y el ahora, y el mundo de la cotidianidad”.

REALIDAD Y LENGUAJE
Todo detalle de la vida influye consciente o inconscientemente en mi lenguaje pictórico, por ejemplo, veo en la calle a una persona que está cruzando y tiene puestos equis colores y me llama la atención el color. Es como una canción que regresa: esos colores siguen dentro de mi mente y a lo mejor en una semana o un año salen en un cuadro. Es la conciencia de ver los colores porque la mayoría de la gente no ve los colores.

VIVIR LA PINTURA
Generalmente trabajo en temporadas ciertas temáticas porque empiezan a fascinarme. Los animales en peligro de extinción me preocupan y los he trabajado mucho. Últimamente he trabajado con muchos mares, no sé por qué. Trato de no concientizar el por qué, simplemente siento que quiero fluir. Dentro de mí tengo muchísimas pinturas, muchas imágenes y entre tantas siento que hay alguna que quiere salir y la pinto, es muy sencillo, surgen. El movimiento es que empiezo una idea en el cuadro, pero el cuadro está vivo en el sentido de que es un reflejo directo de lo que soy, a veces quiero una cosa y el cuadro sugiere otra, entonces hay un diálogo entre el cuadro y yo. El cuadro es parte de tu otro ser, no es ajeno.

LA LUNA DE TANYA KOHN
En palabras no sé lo que significa el misterio de la Luna que está plasmada ahí porque es difusa: es y no es. A mí siempre me ha fascinado lo no definido, lo que es y no es, el misterio, creo que es la base del arte. Sentí que eso es lo que quiero con los reflejos con la Luna. Creo que el cuadro tiene que hablar porque si pudiera explicar con palabras qué quiero decir con este cuadro entonces yo escribiría y no necesitaría pintar porque pienso en colores, esfumados y ritmos. Es casi como la música que es fluida.

Sin título (Periódico intervenido) / Acrílico sobre papel (Diario Extra) / 41 x 28 cm / 2016




Es hija del Karlos Kohn Kagan, arquitecto y pintor checo. Nació en Praga y emigró al Ecuador donde su padre fue maestro en la escuela de Bellas Artes en Quito, a los cuatro años iba a clases de dibujo, pintura, escultura, piano y de baile. Reside y pinta en México desde 1960, concentrada en el dibujo erótico y el desarrollo del color en su pintura.
   

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